naban. Se llamaban Letra y Melodía. A veces, cuando
me tocaba escribir, me sentaba y los observaba mien-
tras nadaban dibujando círculos en su pecera. Fuera,
en los prados, los caballos corrían libres; pero yo po-
dría haberme quedado mirando eternamente a esos
dos peces que nadaban en su mundo de cristal.Eran
tan bonitos... No podía hacer otra cosa que rodear la
pecera con las manos, sabiendo que allí dentro había
algo maravilloso. Vida en un tarro.
La vida en un tarro es un milagro, pero también es
una trampa. Letra y Melodía estaban atrapados, des-
tinados a trazar la misma línea en el agua una y otra
vez. Su mundo nunca uba más allá. Munca vivirían
aventuras como Nemo, nunca sabrían quiénes eran.
Yo me quedaba absorta en su pequeño mundo, bus-
cando una canción. ≪Piensa más allá de la pecera≫,
eso fue lo que me dije. ≪Piensa más allá de la pecera.≫
No quería quedarme encerrada como
los peces, atrapada, viendo tan sólo el
mundo que tenía delante de mí, atra-
pada nadando en círculos. Aunque, cuando
tenía once años, en sexto, se me hacia difícil imaginar
cualquier munco más allá de aquel en el que estaba
atrapada.
No siempre estaba atrapada. Y logré salir de la
trampa. Toda historia tiene un principio, un nudo y
un desenlace, y la mía también. Pero como sólo tengo
dieciséis años -digámoslo claro, todo esto es ≪el
principio≫-, lo que no quiero hacer es empezar por
el día en que nací e ir contando todos los hitos impor-
tantes (¡me cayó un diente!, ¡me compraron una bici
nueva!) hasta llegar a la fiesta de cumpleaños de los
dieciséis años.
En vez de eso, empezaré a partir de sexto. Fue el
último año en que se me conoció únicamente como
Miley Cyrus. Y también fue una época decisiva de mi
vida, tanto que ahora pienso en mi vida en términos
de antes u después de ese año.
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